Alimentos esenciales para mejorar la calidad de la nutrición de los argentinos

Alimentos esenciales para mejorar la calidad de la nutrición de los argentinos
A lo largo de un mes, el argentino promedio no combina más de 25 alimentos. Esta falta de diversidad resta en nutrición saludable
Por Sergio Britos*
10.06.2021 16.00hs Health & Tech

El denominador común de las diferentes formas de malnutrición que afecta a más de la mitad (entre 55% y 60%) de la población argentina es la calidad de nuestros hábitos alimentarios.

Hace años hemos empezado a estudiar el concepto de brechas alimentarias y de calidad de dieta y siempre hallamos la misma foto: de un lado, cinco déficits crónicos: pocas verduras, pocas frutas, casi nada de legumbres y cereales fuente de fibra, poca leche y menos yogur. Y del otro lado dos excesos que preocupan: muchos azúcares, en especial en forma líquida y gran cantidad de hidratos de carbono rápidamente digeribles (mucho pan, harinas, galletitas y papa). 

Esta configuración de dieta determina dos resultados adversos: baja calidad nutricional y escasa diversidad. Cada cien calorías ingeridas en promedio tienen más sodio, azúcares o almidón que vitaminas y minerales: esa es la medida de la baja calidad de dieta.

Sergio Britos, autor de este artículo, es Director del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía Alimentaria, CEPEA.
Sergio Britos, autor de este artículo, es Director del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía Alimentaria, CEPEA.

Y a la vez, a lo largo de un mes, el argentino promedio no combina más de 25 alimentos: cinco verduras, cinco frutas, cinco formas distintas de carnes y ocho de hidratos de carbono de rápida absorción, más un poco de leche y alguna poca cosa más: esa es la medida de la escasa diversidad, un cuello de botella que resta en nutrición saludable y suma en precio (cuanto más monótona, menos opciones para abaratar la canasta de consumo).

Modificar estos hábitos alimentarios (transversales a todos, pobres y ricos, grandes ciudades e interior) va más allá de esfuerzos aislados, se necesitan buenas políticas públicas: cuidados en los primeros años de vida, mucha y buena educación alimentaria, escuelas promotoras de hábitos saludables, un buen etiquetado frontal y un sistema de precios que incentive buenas elecciones alimentarias.

Las verduras, legumbres y otros hidratos de carbono de absorción más lenta deben convertirse progresivamente en mucho más de la mitad de nuestros platos de comida. Las frutas estar siempre cerca de la vista y de la mesa y a precios accesibles. Y más leche y yogur no faltar en desayunos, meriendas o aún colaciones. Incorporar yogures con probióticos no solo mejora la calidad nutricional de la dieta. Su proceso natural de elaboración a partir de leche lo convierten en un producto más estable y bacteriológicamente seguro, facilita la tolerancia a la lactosa y junto con legumbres y verduras tienen el potencial de enriquecer y diversificar una microbiota intestinal que nuestros propios hábitos alimentarios ha empobrecido por décadas.

* Sergio Britos, Licenciado en Nutrición (MN 1170). Director del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía Alimentaria, CEPEA

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