El emocionante caso de Monte Lirio: un incendio destruyó la fábrica de pastas pero así se sobrepusieron

El emocionante caso de Monte Lirio: un incendio destruyó la fábrica de pastas pero así se sobrepusieron
Monte Lirio es una empresa de la ciudad de Lobos que, desde hace tres generaciones, se dedica a la fabricación de pastas secas. Así es su historia
Por iProfesional
01.08.2021 19.20hs Actualidad

Frente a sus ojos el fuego consume la fábrica, las pocas máquinas que pudo comprar y toda la materia prima. Ahí, al costado, está su familia compartiendo el derrumbe de un sueño. Pero no es fin. Pocas semanas después, ellos están en la calle otra vez vendiendo sus productos. Cualquiera podría pensar que al perder todo lo material, Jorge y su familia se quedaron sin nada. Sin embargo, ellos tenían el bien más valioso: Su reputación.

La misma que los ayudó a recuperarse en el 2001 cuando su mayor cliente dejó de pagar y sobrevivieron. Hoy Monte Lirio es liderada por la tercera generación y sigue los mismos mandamientos de Jorge y Elsa, sus fundadores: Antes queda nada, cumplir a los clientes, y siempre, siempre, pero siempre, los fideos se elaboran con huevo fresco.

Monte Lirio es una empresa de la ciudad de Lobos que, desde hace tres generaciones, se dedica a la fabricación de pastas secas. Nació de la idea de Jorge Marquez y su esposa Elsa y hoy es liderada por su nieto. ¿Cómo hicieron para sobrevivir y crecer?

Empezar de la nada

Jorge Marquez llegó a Carboni, un pequeño pueblo de 200 habitantes en la provincia de Buenos Aires, cuando tenía tan solo 2 meses de vida. De joven comenzó a trabajar en una carpintería junto con sus hermanos y su padre. Cuando sus hermanos crecieron buscaron abrir un negocio con la intención de tener un mejor futuro. Uno de sus hermanos viajó a zona sur del Gran Buenos Aires donde un pariente lejano tenía una fábrica de pastas. Allí le enseñaron la profesión. Luego de esa experiencia y gracias a la ayuda de su padres y algunos conocidos, su hermano compró una máquina y fundó la primera fábrica de pastas frescas de la ciudad de Chivilcoy. "A los dos años de haber abierto, mi hermano volvió al pueblo con un auto nuevo. Eso nos entusiasmamos", recuerda Jorge.

Jorge conoció a su esposa Elsa Grimaldi en Carboni a los 14 años. Estuvieron 5 años de novios y luego se casaron. Cuando nació su hija Haydée, se trasladaron a la ciudad de Lobos donde abrieron su propia fábrica de pastas frescas. Para ellos fue un cambio muy importante ya que nunca habían salido del pueblo "Éramos pocos pero muy unidos. Deje Carboni donde tenía a todos mis amigos y me fui a Lobos sin conocerla" recuerda Jorge.

"Dejamos muchos sentimientos. Pero eran más fuertes las ganas de progresar. Los dos nacimos para hacer algo en la vida", cuenta Elsa.

Al poco tiempo de abrir, lograron ampliarse y consiguieron un local en el centro de la ciudad. Allí instalaron una rotisería con pizzeria y continuaron fabricando pastas frescas.

Se destacaron enseguida entre los negocios de la zona por la calidad y variedad de productos que ofrecían. "En esa época no había nada con tanta potencia. El negocio era como de vanguardia" destaca su hija Haydée. Tanto Jorge como Elsa recuerdan que fue una época muy próspera y que el negocio funcionó muy bien. Trabajaban muchas horas de lunes a lunes por las ganas de aprovechar el éxito para progresar. "Seguimos trabajando así durante 9 años", cuenta Elsa.

La familia que le puso el hombro a la fábrica de pastas

La fábrica propia

A los siete años de haber abierto, uno de sus hermanos encontró una fábrica desarmada y adquirió los equipos necesarios para fabricar fideos secos. Al principio Jorge no estaba convencido de hacer lo mismo pero impulsado por el éxito que estaba teniendo su familia y la insistencia Elsa, se animó a dejar la rotisería y ponerse de lleno a fabricar. "Pasar nuestros días encerrados en nuestro negocio no era vida. La idea de fabricar fideos secos era la oportunidad de tener algo de vida" destaca Elsa. Para no competir, Jorge y sus hermanos deciden repartirse las zonas, así es como él se quedó con la venta mayorista.

Arrancaron instalando la fábrica en el fondo de un garaje. "Mi hermano de Mar del Plata me enseñó cómo hacer un secadero de fideos ya que no podía comprarme las máquinas importadas", explica Jorge. En esa época comienza a trabajar con Jorge, Carlos Petraglia, esposo de Haydée y actual Director de la empresa, quien tenía 17 años y todavía era el novio de su hija.

Comenzaron fabricando 500 paquetes por día que Jorge salía a vender con su coupe Torino. "El primer día cargué el auto con 70 bolsones y salí a la ruta 3 a ofrecer. Todavía no conocía a nadie. Paré en un mayorista y me presenté. Al rato me pidieron que les dejara todos los paquetes que llevaba. Yo no lo podía creer", cuenta con emoción. Ese momento tan sorpresivo y afortunado lo llevó a pensar que iba a ser necesario instalar otro secadero para tener más producción y gracias a ello empezaron a crecer.

Una dura prueba

En muy poco tiempo habían conseguido una importante cartera de clientes y producir a su máxima capacidad lo que les aseguraba un futuro prometedor. Pero su crecimiento se vio frenado debido a un accidente es su modesta fábrica. "Se soltó una manguera de gasoil y se prendió fuego casi todo", recuerda Jorge. Toda la familia tuvo que presenciar cómo se perdía todo lo que habían logrado hasta el momento.

"Era muy shockeante ver el producto de tu trabajo todo chamuscado" cuenta Haydée. A pesar del difícil momento, decidieron empezar de nuevo y levantar la fábrica de cero. "Nos dieron una buena ayuda los mayoristas amigos y todos nos dieron una buena mano para que arrancaremos enseguida", destaca Jorge.

A lo largo de los años y debido a su personalidad, Jorge logró formar un vínculo más que comercial con sus clientes. "Vendía y me hacía amigo de todos los mayoristas y distribuidores. Luego venían los domingos a visitarme. Hasta el día de hoy los mantengo", cuenta Jorge.

"La gran virtud de mi abuelo es ser una persona con mucho sentido del humor. El humor trae ideas nuevas, renovación y frescura. Ayuda a salir de los momentos en donde parece que no hay salida", destaca Fernando, su nieto.

La empresa ya superó las cuatro décadas

Superar la crisis

Monte Lirio ya superó las cuatro décadas y en ese tiempo atravesó muchos altibajos pero Jorge recuerda que el momento que más lo marcó fue la crisis del 2001.

"Fue terrible porque se cortó todo. Le vendíamos el 70 por ciento de la producción a un mayorista que entró en convocatoria. Nos quedamos sin poder cobrar los cheques y sin saber a quién venderle esa cantidad de producción", explica. Ese momento fue difícil no solo en lo comercial, sino que también en lo familiar.

"Mi abuelo sufrió un pico de presión como consecuencia del dolor y la angustia que le producía la situación", cuenta Federico Petraglia, nieto de Jorge y actual Gerente de Monte Lirio.

Para superar el momento decidieron reunirse y llegar a un acuerdo con sus proveedores y clientes. "Queríamos asegurarnos la materia prima para poder producir lo necesario para nuestros clientes y en ese triángulo nos quedamos con las utilidades mínimas que necesitábamos. Así de a poco empezamos a resurgir", cuenta Carlos.

Mantener la calidad

Jorge destaca que la clave del éxito de Monte Lirio es la calidad de los insumos que utilizan. "Desde que salió el huevo en polvo nos visitaron todas las fábricas y nos dieron todas las muestras. Nosotros comparamos la calidad y decidimos seguir fabricando con huevo fresco. Jamás hicimos un fideo sin huevo", destaca.

La tercera generación

Al terminar la secundaria, su nieto Federico decidió estudiar Ingeniería en Alimentos con la intención de seguir los pasos de su abuelo. "Yo jamas le pregunte que quería hacer de su vida porque no quería molestarlo. Cuando me contó que quería continuar el legado fue muy emocionante", destaca con emoción Jorge. "Verlo a Federico trabajando es verme a mi. Revolucionó toda la fábrica. Es el orgullo de toda la familia". 

Fernando vió en la empresa familiar la posibilidad de desarrollarse como profesional y como persona. "Me abrieron las puertas para que pudiera desarrollar todo lo aprendido. Me dejaron equivocarme mucho". Actualmente Fernando está al frente de Monte Lirio y es el encargado de llevar a la empresa a una nueva etapa.

Futuro

Desde la crisis del 2018 la empresa estaba necesitando un cambio, por está razón tuvieron que decidir si querían dedicarse solo a la comercialización o continuar produciendo pero para ello debían crecer. "En el andar vino una empresa y nos pidió que les fabricáramos sus productos. Zapatero a su zapato, nos quedamos como productores", destaca Carlos Petraglia.

Actualmente Monte Lirio está en un proceso de renovación tecnológica y actualización productiva. Su desafío es atravesar sin perder su esencia. "El origen de esta empresa se basa en el vínculo con las personas. No voy a renunciar a la humanidad con la que fue creada", aclara Fernando.

Jorge Marquez trabajó toda su vida con el único objetivo de que su familia prospere y hoy sabe que su esfuerzo valió la pena. "Cuando me levanto a la mañana y veo lo que hice junto a mi familia de la nada es ver mi sueño cumplido. Y ver a mi nieto a cargo es lo máximo". 

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